¿Qué es el efecto Mozart?, ¿aumenta nuestra inteligencia ?

¿Debo ponerle música de Mozart a mi bebé? Como musicoterapeuta es frecuente escuchar este tipo de pregunta por parte de los padres que quieren lo mejor para su bebé para que desarrolle tempranamente su inteligencia; pero ¿de que se trata el llamado efecto Mozart? ¿es verdad o simplemente un mito?

También puedes escuchar el podcast sobre este tema en este enlace: 

Historia y difusión

En 1993 Frances H. Rauscher, Gordon L. Shaw y Katherine N. Ky realizaron un estudio con estudiantes universitarios que escucharon la Sonata para dos pianos en Re mayor KV 448/375a de Mozart y que como resultado se tradujo en un aumento del coeficiente espacial y temporal de los participantes. Este efecto fue significativo en comparación a los otros dos grupos de estudiantes que no escucharon música y también aquellos que sólo escucharon indicaciones de relajación.

En relación con los otros dos grupos se encontró que el IQ de razonamiento espacial en el grupo que había escuchado la Sonata para dos pianos de Mozart era de 8 hasta 9 puntos más alto (Rauscher et al. 1993). Esta diferencia se mantuvo hasta aproximadamente de 10 a 15 minutos.

El razonamiento espacio-temporal fue examinado con la escala Stanford-Binet donde a los participantes del estudio se les encomendó la tarea de doblar un papel de forma imaginaria y hacer un corte dando como resultado una opción correcta de cinco.

La repercusión en los medios

A raíz de los resultados del estudio publicado en la revista Nature se produjo un gran revuelo y los medios de comunicación volcaron su mirada a la música de Mozart. Sin embargo, los medios de los Estados Unidos tergiversaron los resultados y concluyeron que la música de Mozart volvía inteligentes a las personas sin detallar que el estudio de Rauscher y de los otros investigadores de la Universidad de California hacían referencia sólo a las habilidades espaciales y temporales de un grupo de estudiantes.

Años después la mala interpretación de los resultados tomó un giro sorprende al generarse el rumor que la música de Mozart hacía inteligentes a los bebés incluso antes de su nacimiento. Esta noticia sin fundamentos hizo que en 1998 el gobernador de Georgia en Estados Unidos Zell Miller regalara un CD de Mozart a cada mujer del estado de Georgia que había dado a luz.

Las discusión sobre el estudio

Posteriormente también otros investigadores se pusieron a la tarea de reproducir los resultados del estudio de Rauscher y su grupo con la misma Sonata de piano de Mozart sin mayores éxitos (Chabris, 1999). En algunos estudios se encontraron similitudes con el descrito “efecto Mozart” con la escucha del Concierto para piano en La mayor de Mozart e incluso también con la música del compositor grecoestadounidense Yanni (Rideout et al. 1998).

La discusión de la veracidad del efecto Mozart se centra en el llamado “enjoyment-arousal”, es decir en el efecto basado en nuestro estado de ánimo y emocionalidad. No es la música la que causa en sí el efecto sino lo que la música y otros estímulos nos provocan haciendo que estemos más concentrados o dispuestos a hacer una tarea específica con un mejor desempeño. Es así como el denominado efecto Mozart no se limita a la escucha de las composiciones del genio austríaco sino que también se producen al escuchar otros estímulos sonoros siempre y cuando estos resulten placenteros y estimulantes para el oyente. Efectos similares se pueden evidenciar por ejemplo al escuchar música de Franz Schubert o incluso en narraciones de audiolibros de Stephen King.

¿Música de Mozart contra la epilepsia?

En el año 2001 el profesor Jenkins, de la Universidad de Londres realizó un estudio con pacientes con epilepsia que escucharon la sonata para dos pianos KV448 de Mozart con resultados prometedores. Jenkins realizó estudios a 29 pacientes con epilepsia. De estos 29 pacientes que escucharon la sonata para piano KV488, 23 pacientes tuvieron una disminución significativa de la actividad epiléptica mostrada en un encefalograma (Jenkins 2001, pág 171).

Parece entonces que el efecto Mozart muestra sus beneficios en distintos casos: ataques epilépticos en niños y adultos así como la consecución de buenos resultados en pruebas de razonamiento espacio-temporal, sin embargo con un corta duración.

Pese a estos resultados prometedores también habría que hacerse la pregunta sobre la fiabilidad en la reproducción de los distintos estudios sobre la música de Mozart teniendo como objeto de estudio distintas versiones de la piezas analizadas compuestas por el famoso compositor clásico. En la mayoría de los estudios realizados para reproducir lo hecho por Rauscher y su grupo, no se tiene en cuenta el intérprete de las piezas musicales, ni tampoco el tempo, es decir la velocidad con la que fue ejecutada, lo que provoca gran variabilidad en los parámetros musicales y heterogeneidad en los resultados haciendo difícil una conclusión definitiva sobre el efecto Mozart.

Lo que si se puede afirmar es que ni la música de Mozart ni otro tipo de música funciona como una especie de pastilla milagrosa para volver a las personas más inteligentes. Es curioso también que a diferencia de otros famosos efectos descritos por científicos e investigadores de numerosos campos, como por ejemplo el efecto “Doppler”, no se haya acuñado el nombre de “efecto Rauscher” o de alguno de los otros colaboradores de su grupo al efecto Mozart.

Un reflejo de la sociedad actual

Una mirada más profunda sobre el fenómeno del efecto Mozart, refleja el interés de la sociedad actual de utilizar la música con fines no artísticos y de disfrute sino de consecución de una necesidad: el aprender sin el mayor esfuerzo.

Falta todavía mucho que aprender sobre la música en general, sus beneficios y su forma de actuar en el ser humano. Sin lugar a duda, Mozart fue un genio y su música seguirá dando de que hablar por muchos siglos.

Referencias:

Rauscher, F. H., Shaw, G. L. & Ky, C. N. (1993). Music and spatial task performance. Nature, 365(6447), 611. https://doi.org/10.1038/365611a0

Jenkins, J. S. (2001). The Mozart Effect. Journal of the Royal Society of Medicine, 94(4), 170–172. https://doi.org/10.1177/014107680109400404

Chabris, C. F. (1999). Prelude or requiem for the ‘Mozart effect’? Nature, 400(6747), 826–827. https://doi.org/10.1038/23608

Rideout, B. E., Dougherty, S. & Wernert, L. (1998). Effect of Music on Spatial Performance: A Test of Generality. Perceptual and Motor Skills, 86(2), 512–514. https://doi.org/10.2466/pms.1998.86.2.512


Aníbal Pérez

Aníbal Pérez es magíster en musicoterapia de la Escuela Superior de Hamburgo (HfMT). En la actualidad trabaja como musicoterapeuta y podcaster en Alemania.

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